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martes, 25 de septiembre de 2012
La obra de Leopoldo Ayala es una trinchera
Por
Andrés Cisneros de la Cruz
La
poesía está en guerra, igual que la sociedad intelectual que se mantiene, firme
en una lucha por transformar los cimientos de esta realidad que no sólo parece
frágil, sino que lo es. Y que se encuentra resguardada por los ejércitos, no
sólo belicosos de la armada, sino también por los intelectuales orgánicos que a
veces con menor escrúpulo que un soldado raso, sin miramiento, aniquilan a todo
aquel que ose tocar el “sagrado” espacio que defienden; el lugar áurico en
donde se guardan los secretos que el poder gusta de ejercer sin discriminación
sobre el sector (no diré inculto) sino desletrado.
Pues el ataque más solero de esta clase es el de esconder la información, el
dato, la historia real, para tergiversarla de acuerdo al perfil que quiere
confeccionar en el ciudadano. ¿Podemos decir que el ciudadano desconoce entonces esa información
(básica para un desarrollo integral en la sociedad) por voluntad propia? Por
supuesto que no.
Y
el silencio trastoca todo en sí mismo. Toma las guerras ajenas como propias y
tergiversa los discursos, funde en él los actos para volverlos sólo una
manifestación de sí mismo, ese tiempo con mayúscula es el que busca desvirtuar
la guerra, y convertirla en panfleto y ocultar su propio panfleto en un
discurso quieto, inmutable, en el cual nada cambia, y todo permanece perene,
eterno, con un panfleto silencioso, que te dice secretamente: “no hagas nada,
nada puedes hacer: anúlate, tú eres nada”. El panfleto de un dios silencioso
oculto entre los versos como barrotes de tantos poetas. Ejército de poetas
listos para anular el discurso y canto de la vida, para en una especie de
proyección, anularlo, y volverlo sólo un murmuro, una especie de cantaleta.
Por
eso Leopoldo Ayala es un poeta de palabras tan violentas y fuertes, dispuestas para
enfrentar no a uno, sino a muchos, y de volverse incluso el muro en el que se apoyarán
otras vidas, las palabras de otros poetas, las líneas feroces de otros vivos en
latentes en poemas. “Nuestro grito no duerme por adelante, trae para que se
cumpla el viento”, “el grito es poesía, y la poesía mejor tierra para abrir
paso”.
Por
eso Leopoldo Ayala formó estos versos para nosotros:
“No
es terrorista el que responde despierto aunque sea sólo una vez”
El
que late al negarse. El que critica con origen su razón.
El
que resiste sin vencer. El que sueña ciegamente.
El
que avanza y está en pie. El que sobrevive al polvo.
El
que grita con locura su tiempo. ¡No! ¡No! ¡No!
¡Entiéndalo
carajo, el Pueblo del poema tampoco es un terrorista!
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